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El Jardín de Shere. Bitácora.
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Jueves, 4 de marzo de 2004
Mi hija de dos años
estaba leyendo un cuento conmigo en la cama.
Aparecía en el libro
la imagen de un par de paquetes de regalo, y ella dijo: 'Mira, mami, regalo'',
en su lengua de trapo que sólo entendemos ella, yo a ratos, y los muñecos casi
siempre, porque juro que les escucho reir al unísono con ella.
--''Mira, voy a abrir
regalo''.
Y hace la
representación mímica de quien desata un lazo, abre una caja y encuentra una
sorpresa estupenda.
--''Mira, ¡es
pecciosso!''
Y me entrega su manita
vacía de contenido alguno, en forma de cuenco...
y yo la recibo, con mi
mano incrédula más grande y más cansada, sobre todo a estas horas.
Y me pregunta, con los
faroles de ojos que tiene hechos pregunta:
--''¿Te guta, mami?
¿Te guta regalo pecciosso?''
Y le respondo que sí,
y lo respondo convencida, porque de pronto siento que en mi mano pesa toda la
fuerza de la imaginación de una niña de dos años, capaz de construir regalos
con sólo desearlos...sin saber que el mejor regalo es ella misma.
Y sigue su juego, y
abre el otro paquete de regalo, más pequeñito, y comenta:
--''Ete mío'', y
acerca su mano a mi mano, y las dos durante unos instantes miramos las manos
vacías y juntas...¡tan llenas de tantas cosas! Tantas de las cosas que son
verdaderamente invisibles y son verdaderamente regalos.
Y mientras mi hija
continúa aún más su juego, y le da besos a ambos regalos, y se va a dormir con
su regalo imaginario en su mano aún, tratado con dulzura infinita, como
trataría a su juguete preferido una niña de dos años, yo pienso que casi
lamento enseñarla a leer...
porque ahora leo
libros con su hermana de cinco, pero esta ya me fabrica los regalos con
pegamento y papel de colores...¡no con el poder de su imaginación!
Ahora miro a la niña
dormida y sé que el libro debía ser mágico...porque siento que me iré a dormir
muy regalada, con un par de regalos invisibles estupendos que veo brillar
sobre mi mesita de noche. Mañana tengo que preguntarle a la niña si están bien
y qué comen, porque aún no estoy segura de qué tipo de criaturas venían en los
paquetes, pero para mí que son hadas...
Supongo que, cuando la
llamé Alicia, esperaba que cualquier día la vería entrar en el fondo de un
libro como si tal cosa, lo que no me podía imaginar es que, en vez de entrar
en el libro, mi propia Alicia fuera un paso más allá que la del cuento y
trajera el libro a este lado.
Buenos días, buenas
noches...
a todos aquellos
capaces de leer la vida como si aún fueran niños.
©Shere
Lunes ,23 febrero 2004 -- Mira, mami -- me dice mi hija mayor, casi cinco años de sabiduría y dos ojos negros que no se cierran del todo ni para dormir, como si tuviese miedo de que el mundo desapareciera si ella corriese del todo las cortinas de su interrogación hecha pupilas-- ahora somos una eme.
Albira se refería a que en ese momento iba caminando cogida
de la mano de su abuela y de la mía, y parecíamos formar el perfil de dicha letra
mayúscula.
En ese instante su abuela soltó su mano, y rauda como el
viento, Albira explicó:
-- Y ahora sólo quedamos nosotras, que somos una ene.
El resto del paseo nos dedicamos a atribuir letras a las
personas:
--Mira, un señor con bastón y bigote...es una eñe.
-- Y aquella mujer embarazada, una be.
-- ¿Y si está embaraza de mellizos será be mayúscula?
--sugirió mi hija entre risas.
-- La amiga que empuja el carricoche de bebé, una ge
minúscula, ¿no crees?
-- Síííí, y cuando el niño pase a usar la sillita de paseo,
¡una erre pequeña!-- la niña cada vez se emocionaba más con el juego.
Pasó una vecina a nuestro lado. La típica que abre tanto la
boca para sonreír porque así le caben más cotilleos dentro.
-- Albira, qué guapa estás, mamá debe haberte puesto de
rebajas. ¿Hoy no hay cole? ¿Seguro que has pillado el virus ese que tiene la
vecinita del tercero, a que sí?
En cuanto la hubimos traspasado, sin pararnos a su lado,
dirigiéndole no más que un breve saludo, Albira sugirió entre risas pícaras:
-- Esa es una hache.
-- ¿Hache? --Yo no veía la relación-- ¿Mayúscula o minúscula?
Una hache mayúscula podría ser un enfermo en camilla, una minúscula, un anciana
en bastón, pero...esta señora, no sé...
-- Sí, hache, mami. La hache es una letra molesta, que se
empeña en estar donde no la esperas, que no sirve para nada, ni para
pronunciarse siquiera, pero que no te puedes librar de ella o encima te ganarás
una regañina por hacer mal el ejercicio. Es una letra que debería convertirse en
humo, ¡umo sin hache, claro!
Y las dos nos reímos imaginando a la vecina convertida en
humo, ella y todas las haches del mundo, y las personas que sólo servían para
haches, dejando un planeta mucho más limpio y respirable.
A partir de ahí, descubrimos que las personas pueden ser
letras en su aspecto y en su interior, y el juego dio de sí durante un buen
rato.
Sobre qué letra se atribuyó a sí misma Albira, diré que fue
la A de Escritora.
Ya, ya...escritora se escribe con e, pero, si se tienen cinco
años y se quiere imitar a mamá y decir que de mayor quiere ser escritora, ¿por
qué ponerle límites al abecedario?
Para mi hija, escritora se deletrea empezando por la A de
Albira.
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